MÁLAGA EN HALLOWEEN

Esta semana de vacaciones la hemos pasado en Málaga. La culpa es de Vueling, que nos lo puso barato (unos 170€, ida y vuelta, los cuatro). La verdad es que nos hubiéramos ido a cualquier otro sitio que nos hubieran ofrecido a ese precio. Así que, sin deseos previos de ver Málaga, nos plantamos allí un domingo a las diez de la mañana. 

Al llegar tan pronto, nos atrevimos con el bus público y fuimos al centro (unos 4€). Dejamos la mochila en el apartamento que habíamos pillado por Airbnb (La casita de Viriato, que no estaba muy céntrica pero en quince minutos andando llegábamos al meollo de la ciudad, así que muy bien). Y a pasear. Como era de esperar en puente, había muchísima gente. Sin embargo, encontramos un sitio para comer (éramos un grupo de 9 personas) en La Clásica. Flamenquines, bacalao y ensaladilla. Muy bien. Luego, helado en Casa Mira. Mucha gente esperando pero va rápido y está muy bueno. Paseando llegamos hasta la Alcazaba, que los domingos por la tarde se puede visitar gratuitamente. 

Al día siguiente, más descansados, nos atrevimos con los museos, que en Málaga son muchos y muy variados. Empezamos por el Mimma (Museo de la Música) porque la cola del Museo Picasso era kilométrica. En el Mimma se puede tocar no todo pero sí mucho. Y eso siempre mola (sobre todo cuando se viaja con niños). Nosotros, además, llevábamos un músico en el grupo y una estudiante de conservatorio, lo que enriquece la visita un montón (que lo que toques suene bien cuando lo tocas es un lujo para el que toca y no suena bien). Salimos a comer y como era la una, nos atrevimos con El Pimpi, que es el garito grande y céntrico del que es copropietario Antonio Banderas y del que nos habían recomendado los bocatas y las tapas. Tuvimos que hacer un poco de cola pero enseguida pudimos comer fritura (pedid solo una ración, porque es gigante- nosotros pedimos dos, nos llevamos las sobras y estuvimos cenando dos noches fritura-), el ajoblanco (muy rico), el salmorejo y las hamburguesas. Nos pareció bueno en el momento, aunque lo superaron otros sitios que probamos los días siguientes. 

Por la tarde, al Museo Picasso. Si coges las entradas on line, no hay que esperar cola. Llevábamos una artista plástica en el grupo, con lo que pasó lo mismo que llevando músicos al Mimma. Muy chulo. Como era Halloween, cuatro expedicionarios decidieron disfrazarse y salir. Tomamos unas tapas en la Plaza de La Merced, en El Clan, donde la camarera nos recomendó tomarnos algo en Sala Premier. Allí fuimos y nos tomamos unos copazos bien majos, eso sí, sentados, porque en Málaga enseguida te sientan. Luego íbamos a probar suerte con la Sala Tenessee, pero había cola. Como en casi todos los garitos. Finalmente, seguimos la recomendación de unas chicas que nos llevaron a La Biblioteca a bailar. Aunque no pusieron a Despechá de Rosalía, estuvimos bien. Taxi y para casa. 

Al tercer día nos atrevimos con el Castillo de Gibralfaro. Subimos en bus, lo vimos (hay ardillas) y bajamos andando. Ese día comimos en un italiano, el Terra Mia (la pasta A pugliese estaba muy rica y las pizzas, también). Por la tarde, el grupo se dividió. Tres valientes visitaron la catedral y el resto fuimos al parque que hay junto a la Plaza La Marina a que los críos se desfogaran. Está sucio pero eso solo lo vemos los mayores, los críos disfrutaron bastante. Volvimos a Casa Mira para reunirnos de nuevo con los catedralfílicos, y celebramos nuestro reencuentro con helados y batidos. Cayó alguna compra en la calle Larios y seguimos andando. Alguna librería (Mapas y compañía es digna de ver, La casa del libro no tanto pero también la pisamos). 

Al día siguiente, se notaba un bajón de gente por las calles de Málaga, cosa que agradecimos.  Los mayores, confiando plenamente en nuestra canguro adolescente y en la necesidad de dormir la mañana de nuestros hijos, nos fuimos al Hamman Al Andalus, termas árabes que ofrecen baño y minimasaje en hora y media previa reserva. Muy relajados salimos, fuimos a por nuestros vástagos, que aún seguían en pijama y a comer a Los Gatos, que está en el centro y parece el típico sitio donde clavan a los turistas. Sin embargo, comimos muy bien y más barato que en otros. Muy recomendables, sus callos a la malagueña, su salmorejo, ensaladilla y su churrasco de pollo, aunque todo está buenísimo. Sin duda, el sitio que más nos gustó. Por la tarde, gracias a la recomendación de una de nuestras integrantes, que es guía turística (qué suerte tener de todo en este grupo), nos apuntamos a un Free Tour de Civitatis, donde una guía muy maja, Virginia, nos enseñó en un paseo de hora y pico los puntos y datos más importantes de la ciudad. Está muy bien porque te da una panorámica de la ciudad, desde la calle Larios (te cuentan quién fue el conde de Larios), la Alcazaba,  el café de Chinitas, el Teatro Romano hasta la tabla de cafés que se ideó en el Café Central, la pasión por las luces navideñas o de mover estatuas de su alcalde o la zona donde vive Antonio Banderas, que pasa medio año allí produciendo musicales que cada año estrena en el Teatro Soho de Málaga. Aunque es gratis, al finalizar la visita, se le da a la guía la voluntad (nosotros le dimos 10€ por cabeza adulta). 

Aún nos quedaban dos días y habíamos visto mucho. Por eso los dos días que nos quedaban aflojamos el ritmo. En nuestro quinto dia visitamos el Museo de Málaga (gratis para ciudadanos UE), donde hay restos arqueológicos y una colección resultona de pinturas del XIX. Luego comimos pasta en el Spagos, que es diminuto pero son muy majos y la pasta es fresca. Está al lado de la confitería Aparicio, donde aprovechamos para comprar las tortas locas, típicas de Málaga, que nos recomendó la chica de Civitatis. Paseamos por el paseo marítimo y allí, sentados en un banco, nos comimos los dulces. Muy dulces para algunos, muy ricos para otros. Seguimos paseo hasta la Farola (su faro) y nos asomamos a la playa, que nos pareció demasiado marrón (más por la suciedad que por el color de la arena). 

De vuelta entramos en el taller gratuito para familias que había en el Centro Pompidou, donde tocamos todo. A la salida nos entretuvimos en la tienda, que tiene cosas muy monas. Volvimos por el paseo que, a eso de las siete de la tarde, tiene músicos callejeros amenizando y le da un toque muy artístico a nuestros pasos de bailarines. La última parada del día fue Cómic Store, tienda de cómics énorme (parece un supermercado). Es muy difícil no llevarse toda la tienda. Menos mal que, como sólo llevamos mochila, no nos cambia mucho en la maleta. 

El último día lo dedicamos a la tranquilidad. Playa del Palo por la mañana (algo más limpia que la del día anterior). Comimos muy bien en El Costi, merendero urbano recomendado por cuñados y amigos. Un salmorejo con torreznos y un rabo de toro deliciosos. Y a la vuelta (en bus), cuatro compras y a prepararse que al día siguiente nuestro vuelo era a las 6.55 de la mañana. Por cierto, contratamos un taxi de 8 plazas en Transfer en Malaga on line, puntual y barato (35€), algo que se agradece mucho a las cinco de la mañana. 

Y a las 8,30 de la mañana, bien fresquitos en Bilbao. 

GRAN CANARIA en una semana

Hace unos días regresamos de Gran Canaria, una isla que no conocíamos y de la que no nos habían hablado tan bien como se merece. Que si es la más barata por algo, que si se nubla,… Seducidos por una oferta de última hora, y porque nos apetecía buen tiempo, playa y piscina, hicimos caso omiso y el 1 de julio montamos en el avión desde Madrid.

Día 1. Con ir a Madrid, coger el avión, llegar, pillar el coche de alquiler y llegar al apartamento ya tuvimos bastante. La verdad es que hizo calor, había gente a patadas y las maletas tardaron una eternidad en salir por la cinta, pero volver a hacer un viaje de verdad (así llaman mis hijos cuando pillan avión) nos compensaba todo. Establecimos el centro de operaciones en Maspalomas, que es muy turístico y poco atractivo, pero hace sol y la piscina nos compensaba todo.

Día 2. Excursión al Roque Nublo. Cogimos el coche por la mañana rumbo a Tejeda, un pueblo del norte, metido en las montañas atravesadas por carreteras sinuosas y mareantes de las que me gustan. Se tarda una hora larga en llegar al aparcamiento de La Goleta, desde donde hay un sendero que llega a Roque Nublo. Es una ruta de 1,5 km., pero como es cuesta arriba, se tarda una hora a paso constante de hijos pelín quejicas con el calor (niños cántabros, ya se sabe, no están acostumbrados al pleno sol). Tuvimos suerte con el día: estaba despejado y es una pasada ver las nubes por encima. Se tarda menos en bajar (40 min). Fuimos a comer a Tejeda, a un sitio muy cuco, donde nos atendió una chica majísima (La tienda de Paco), que no trajo papas arrugadas y cabra. Rico y no es caro (37€, con croquetas y bebidas). Luego nos tomamos el postre en Dulcería Nublo. Sitio bonito, helado muy rico (a lo Regma) y palmeras de chocolate estupendas.

Día 3. Volvimos al norte. Era domingo y nos olíamos que el sur estaría a tope de gente. Camino de Agaete, paramos en Santa Brígida, en su mercadillo, donde compramos fruta, pan, dentaduras de chuche y chicles. En Agaete, paseamos por el paseo marítimo hasta el final, donde nos habían recomendado el restaurante El dedo de Dios. Había cola pero el sitio es grande y va rápido. Pescado rico: salmonetes, pulpo frito y gambas. Bien. Después, fuimos a las piscinas de Las Salinas, que está a las afueras. Y ese fue el descubrimiento del día: sol, nadar, helado. Muy recomendable.

Día 4. Tocaba Karting. Fuimos al Gran Karting Club. No he visto un karting tan grande nunca. Estuvimos un montón de tiempo porque, en la euforia previa, contratamos tres tandas de 8 minutos. Fue divertido. Recomendable. Luego fuimos a comer cerca. Pescado a la Cofradía de Pescadores de Castillo de Romeral. Bastante bien para ser algo improvisado y con prisa. Después fuimos a la playa de Maspalomas, donde nuestros chiquillos estuvieron hora y media saltando olas. Como el agua no estaba fría y la bandera, verde, no había manera de sacarles del agua. La playa no es muy bonita, aunque sí es grande, y lo de la temperatura del agua sube muchos puntos. Después buscamos un helado en un supermercado y fuimos hasta el Faro de Maspalomas dando un paseo.

Día 5. Puerto de Mogán es un pueblo precioso. Lleno de gente, tiendas y rollo veraniego. Pasamos la mañana allí: un rato, de paseo; otro rato, en la playa. Comimos en un italiano (siciliano, creo) riquísimo, La Pasión. El sitio es muy muy bonito y la comida, deliciosa. Más caro de lo que acostumbramos a gastar pero pagamos con gusto después de comernos cuatro platos de pasta casera y un tiramisú exquisito.

Día 5. Como candidatos a padres del año, llevamos a nuestros vástagos al Aqualand. No teníamos ni pizca de ganas porque nos parece siempre carísimo (mucho mejor pillar las entradas on line, más baratas, aunque valen a partir del día siguiente a la compra, ojo)) y un hormiguero de gente, pero díselo tú a los niños, que sólo ven diversión, toboganes y piscinas. Al final lo pasamos bien todos, los empleados nos resultaron majísimos (como venimos de Santander, donde el servicio suele resultar seco y arisco, tratar con gente simpática y amable nos llama siempre la atención) y, después de estar allí cinco horas, nos fuimos a comer fuera y a pasar la tarde en Maspalomas. Comimos tarde en el K1, en Meloneras. Hamburguesas ricas por mucho menos de lo que pedían en el aquapark.

Día 6. Las Palmas. Fuimos a ver la Casa Museo de Pérez Galdós. Visita gratuita (hay una cada hora en punto), sin reserva previa y con guía, majísima también. Vimos su casa canaria, con las peculiaridades que eso tiene. Un pozo y una piedra para filtrar el agua que se recoge. Contaron cosas de Galdós, un genio. Músico, pintor y escritor. Muchos de los muebles estaban en la única casa que compró, la de San Quintín, en Santander, de la que no queda más que una placa (qué pena que no hayamos sabido aprovechar esa riqueza cultural). Dura aproximadamente una hora y se ve con gusto. Después comimos en un napolitano que había cerca, Napoli in boca. Sitio pequeñito pero la comida está muy rica (los postres se salen). Después fuimos un poco de compras: tiendas de deportes, de souvenirs, librerías y alguna cadena de ropa. De vuelta, estuvimos pensando en si teníamos cuerpo para ir a Wooland, el parque de atracciones de la isla, pero, como queríamos el título de padres del año, no nos lo pensamos mucho y fuimos. Es pequeñito pero resultón, no había que hacer cola (era jueves). Tenía un poco de todo y sobre todo algodón de azúcar (mi hija soñaba con ir a una feria y comer un algodón, luego dejó la mitad pero cumplió su sueño). Lo pasamos bien: entramos a las siete y pico, y nos fuimos a las once de la noche.

Día 7. Como cogíamos el avión por la tarde, a media mañana fuimos a Teror. Pueblo muy bonito, donde nos comimos unos bocadillos de chorizo canario, muy conocidos. No sé cómo se llama el sitio pero está a la derecha de la iglesia y es un tienda de ultramarinos de las de toda la vida. La señora nos hizo los bocatas en un santiamén (2€) y estaban tan buenos que volvimos a entrar a buscar otros dos para llevar al aeropuerto. Fuimos la envidia de la puerta de embarque.

En fin, Gran Canaria no es sólo playa y piscina, tiene rincones muy chulos, sin muchos turistas que hay que ver.

Fuerteventura o cómo hacer una cata de playas tranquilamente

Este verano nos hemos ido diez días a Fuerteventura. Diez días. Dudamos mucho porque nos parecía un sitio pequeño para tantos días. Pero finalmente pensamos que con dos niños (4 y 1 año) no íbamos a poder ver mucho, así que mejor un sitio pequeño que nos diese tiempo a ver y así no cabrearnos por dejarnos cosas sin ver.

El viaje es relativamente cómodo. Tres horas desde Bilbao. El primer día fue sólo eso, el viaje, recoger el coche que habíamos alquilado y acomodarnos en el apartamento en Corralejo, que estaba muy bien y que tenía una piscina enorme en la que todos los días estábamos casi solos.

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Hay que decir que seguimos los consejos del blog de Héctor Navarro, al cual no conocemos de nada pero al que le agradecemos mucho su entrada porque nos fue muy útil.

Los primeros días estuvimos por el norte de la isla. Pudimos ver las enormes dunas de Corralejo, donde dan todos los vientos pero que aún así se puede estar muy bien en la toalla. Lo complicado es bañarse, de hecho, o eres un experto surfero/windsurfero/kitesurfero o vivirás en constante bandera roja. 

 

Corralejo, en sí, es un pueblito bastante turístico en el que puedes encontrar de todo. Tiene un puerto bonito, varias playitas y se come bien. Es un buen sitio para el campamento base.

Como habíamos alquilado coche, pudimos ver la isla tranquilamente. Visitamos el centro de la isla: Betancuria, que es un pueblo bonito para dar un paseo; Pájara, donde se puede comer muy bien en Casa Asaítas (comimos cabra, queso majorero, … muy rico); Ajuy, donde hay una estupenda playa de arena negra y cerca están sus famosas cuevas a las que se llega por un bonito camino. Entre Betancuria y Pájara se puede parar en varios miradores, en donde hay vistas espectaculares y ardillas esperando algo de comida.

Visitamos también Puerto del Rosario, la capital, que es una ciudad pequeña, fácilmente abarcable en una mañana. Visitamos la Casa- Museo de Miguel de Unamuno, visita gratuita, a la que merece la pena entrar. No hay muchos objetos del escritor exiliado en esta isla, aunque hay paneles explicativos muy interesantes y se ve muy bien cómo eran las casas de aquella época.

Nos acercamos también a Antigua, a ver su molino. Es una isla rodeada de molinos de viento, donde se mantienen bastantes molinos antiguos al más puro estilo quijotesco. En este en concreto se puede entrar y ver cómo funcionaba.

Bajamos al sur, a Caleta de Fustes, a Gran Tarajal pero nos pareció demasiado turístico. Así que dejamos de dirigirnos hacia el sur y nos metimos para el interior en busca de la playa de Ugán que, según rezaba la guía, era una de las más bellas y singulares de la isla. Estamos casi seguro de que era esta, pero no hay cartel alguno que la anuncie, según la ubicación del móvil esto es el Barranco de Chiguigos. Se llame como se llame, es una gozada ver playas como esta.

Uno de los días lo destinamos a la Isla de Lobos, que se llama así porque los hubo pero ya no los hay (sólo quedan las fotos del Centro de Interpretación de la isla). Es una excursión muy recomendable para pasar el día. Hay senderos para los que les gusta andar, playas para los que prefieren bucear e incluso bar para tomar algo. Nosotros nos pasamos el día en la playa y vimos un montón de peces.

Otro día lo destinamos a ver los pueblos del norte. Fuimos a El Cotillo, un pueblecito de pescadores muy bonito, allí comimos estupendamente en La Vaca Azul, especialistas en pescado y que tienen una tarta de queso blanco y arándanos que te mueres. Y para lo pequeño que es, encuentras muchas cosas: una exposición fotográfica por las calles, un torreón, un faro, y tienditas muy chulas como Nautilus.

La zona norte es la que más nos gustó. Hay un montón de playas vírgenes, de pueblos de pescadores, ideales para dar una vuelta y coger conchitas con los niños en la playa. Y a la vuelta hay que parar en Lajares, un pueblito con un montón de tienditas (lo mismo meriendas que te compras una camiseta o juegas al balón en la plaza), y donde comimos las mejores focaccias del mundo en Mazzo.

También fuimos a otros sitios como el Aqua Water Park de Corralejo, que a los adultos nos parece carísimo (25€ por barba/19€ los imberbes) y horroroso pero que a los enanos les parece maravilloso.

En resumen, un buen destino si te gusta la playa y quieres estar tranquilo (notas que hay gente pero no es el agobio de Tenerife), o si te gusta la playa para dedicarte al deporte (bici, correr, surf, windsurf, kitesurf) o si tienes niños y quieres verlo todo a su ritmo.

Irlanda con niños, coche y otoño

El pasado octubre pasamos una semana en Irlanda. Por fin, tras años sin pillar un vuelo Santander-Dublín, conseguimos billetes para Dublín en plan low cost. Como viajamos con un niño de tres años y un bebé de cinco meses, y además a las seis de la tarde ya no se ve un pimiento, vimos un poco cada día y nos quedamos con ganas de ver más – no descartamos volver.

Llegamos por la tarde, cogimos el coche que habíamos alquilado y fuimos a un Bed&Breadfast en Skerries (The Redbank Guesthouse). Buen sitio y un desayuno morrocotudo, el famoso Full Irish Breadfast, realizado por un cocinero que lo hace a tu gusto. Por la mañana dimos un paseo por Skerries, pueblo costero con un bonito paseo marítimo donde encontramos un parque con columpios al que le dan todos los vientos.

Después de cansar un poco al viajero de tres años, nos metimos en el coche rumbo a Limerick (3 horas de trayecto, más o menos). De camino paramos a comer en un MacDonalds de autovía, donde servían en la mesa (😱). Cuando llegamos a Limerick, solo teníamos ganas de ir a la piscina del hotel y a cenar. La verdad es que un hotel con piscina cubierta (fuimos al Radisson Blu de Limerick) cuando viajas con niños es una maravilla para esa hora tonta de vuelta al hotel en el que las criaturas están como una moto y no puedes encerrarlos en una habitación sin que provoquen daños en el sitio, en tu cuerpo o en el suyo.

Al día siguiente nos vinimos arriba y nos fuimos hasta Cork a ver a Rafa, un amigo que trabaja allí desde hace un par de años. Y, aunque llovía y llovía, como llueve en Irlanda, que básicamente es un calabobos imparable, lo pasamos bien. Comimos en un pub que estaba preparándose para el Cork Jazz Festival, porque otra cosa no pero en Irlanda hay música por todas partes y más si están a punto de celebrar un festival. Cuando Rafa se nos unió, nos llevó a ver Kinsale, un pueblecito costero bien chulo con fuerte y todo. No nos desanimamos con la lluvia y decidimos cenar en Cobh, última parada del Titanic antes de hundirse. De hecho cenamos en un restaurante que recreaba esa época.

Al día siguiente tocaba relax (demasiado coche el día anterior- una hora hasta Cork, pequeños trayectos hasta Kinsale y Cobh y la hora de vuelta a Limerick-). Vimos Limerick, cuyo castillo bien vale una visita. Hay que pagar para ver el King John’s Castle pero no mucho. El edificio y la exposición están muy bien y además muchas de las instalaciones están pensadas para niños (atravesar pasadizos, vestirse de época, lanzar bolas en minicañones, …). Por la tarde dimos una vuelta por Limerick, que no es nada del otro mundo pero tiene vidilla callejera (músicos por las calles, puestos de comida, gente paseando). Piscina, cena y a dormir.

Al día siguiente nos dirigimos a Dublín. Pensábamos desviarnos para ver Kilkenny pero se nos hacía tarde así que paramos en Kildare, que tenía abadía y estaba de paso. Comimos allí y dimos un paseo para ver la abadía, la torre y el pueblo.

Llegamos tarde al apartamento. Muy recomendable por las instalaciones en general y por la ubicación (en bus estábamos a apenas 20 minutos del centro). Se encuentra a las afueras de Dublín, pegado al Phoenix Park, tan pegado que, mientras desayunas puedes ver ardillas y runners (precisamente vimos a los participantes de la maratón de Dublín).

En Dublín hay que destacar varios museos. Si vas con niños, Dublinia es perfecto para pasar la mañana. El mundo vikingo les resulta muy atractivo y más si encuentran actividades y exposiciones interactivas, y cosas que se pueden tocar.

Otros museos interesantes (estos son gratis, además) son el Museo Nacional de Arqueología (con una sala con talleres para niños: podían pintar, hacer un casco con cartulina y probar réplicas de cascos, lanzas, armaduras,…)  y el Museo de Historia Natural.

Además, Dublín tiene la posibilidad de conocerla a pie, sus distancias no son inabarcables, puedes ver el Trinity College y el Temple Bar dando un paseo.

Nos quedó mucho por ver así que es probable que volvamos a Irlanda. Seguramente con niños y en coche, de nuevo. Sin embargo, puede que cambiemos el otoño por el verano o la primavera. Aunque ver Irlanda la semana antes de Halloween es una pasada.

Atapuerca vs. La Garma

Recientemente he visitado estos lugares y, como este blog también es de viajes (sí, lo sé, últimamente no lo parece mucho, pero juro que lo es) quería comentar alguna cosuca sobre ellos.
Ambos sitios se asemejan no sólo en poseer riquezas singulares en material arqueológico (vamos, cosas de hace 40000 años para acá) sino también en que son considerados desde hace tiempo patrimonio de la Humanidad y además resultan interesantísimos cuando alguien que sabe de esta riqueza te lo enseña como es debido. La diferencia fundamental estriba en la protección económica del primero y el desamparo absoluto del segundo por parte de las autoridades que deberían velar por preservar y dar a conocer estas cuestiones culturales. Me explico.

Visitamos un día de julio el Museo de la Evolución Humana, en Burgos: un museo agradable, con expositores de materiales diferentes,desde el clásico huesecillo tallado hasta vídeos y juegos interactivos para niños, grandes y pequeños. Tuvimos suerte y fuimos un día en que el que un grupo de bailarines de breakdance realizaban varias demostraciones, lo que le da más vidilla al museo, que, ya por sí, tiene su miga.museoevolucion

Al día siguiente, nos acercamos a Atapuerca, donde hay un centro de interpretación, para ser más exactos, un CAREX (Centro de Arqueología Experimental). No vimos los famosos yacimientos, hay que hacer reserva y somos bastante inexpertos en la planificación con dos niños, así que, como el hueco que nos ofrecían para visitarlos nos venía de pena, decidimos no visitarlos. Sin embargo, nos fuimos satisfechos porque, aparte de visitar la exposición del CAREX, pudimos realizar el Taller. Ellos lo llaman taller pero realmente no lo es (cuando me dicen taller, yo pienso en que me van a poner a trabajar y eso no lo hicieron). Es una especie de ruta donde una guía (a nosotros nos tocó Beatriz, simpática y preparada, un lujo) va realizando diferentes tareas, como tallar piedras, pintar cuevas, cazar con lanza o arco (qué chungo es, por cierto), hacer fuego,… Puedes salir voluntario a hacerlo pero están los niños primero y la visita dura una hora (como eres el adulto, se supone que entiendes que no todos pueden hacer todas las tareas porque si no nos dan las uvas, así que te fastidias y haces más de espectador que de prehistórico). Nos gustó mucho el taller y aprendimos un montón.P1000120

CAREX TallerAhora la otra cara de la moneda: La Garma. Vivo cerca de Omoño, donde se encuentra la cueva de La Garma. Gracias a Iker Jiménez, sabía que había una cueva (ahora sé que son ocho) donde habían aparecido cadáveres de neanderthales con el cráneo machacado que, en El Cuarto Milenio de Iker, achacaban a vampiros. Hace una semana pasé con la bici por donde he pasado un montón de veces y vi una entrada espectacular con carteles nuevos y relucientes que anunciaban la cueva de La Garma. lagarma0

lagarma Yo, en mi inocencia, creí que eso se debía a que habían habilitado la cueva para las visitas. Paro y pregunto. Cuando entro, veo un habitáculo con mesas, sillas, paredes sin pintar (parecía más un garaje que un centro de recepción de visitantes). ¿Pero esto se puede visitar? Nos explican que el anterior gobierno puso una entrada espectacular pero que en realidad no hay nada (por no haber, no tenían ni luz los arqueólogos- voluntarios, por supuestos, de esos que no cobran por trabajar porque como están aprendiendo- en este país es incompatible trabajar y aprender a la vez-). Que no hay nada pero nos enseñan los resultados de sus excavaciones, cómo clasifican material, que luego procesarán durante el invierno, y nos invitan a visitar la entrada de la cueva, porque allí hay otro grupo de voluntarios trabajando.

Subimos por el sendero que lleva a las cuevas, atravesando un prado que su dueño permite pisar para acceder a ellas y subiendo con ayuda de una cuerda una cuesta de tierra que el día que llueve seguro que es una auténtica pista de patinaje. Cuando llegamos nos reciben unas quince personas en la entrada de la cueva, algunas clasificando material en bolsas y codificándolas con ayuda de un portátil (dan las gracias por no tener que hacerlo a mano). Nos explican que han encontrado restos de rinoceronte, incluso de osos; que hay restos de hace 40000 años, de un asentamiento medieval,… Nos cuentan que son voluntarios, algunos de Cantabria pero no es raro que sean de más lejos (había gente de Cataluña, Portugal,…). Todos, gratis. Gente pasando parte de sus vacaciones en La Garma o en su tiempo libre, antes de ir a trabajar. Será que es una cueva interesante. Recientemente apareción un artículo en El Diario Montañés muy interesante sobre La Garma, os dejo el enlace: Un hogar de hace 45000 años centra el interés de los arqueólogos en La Garma.

Es una pena que no se valore las posibilidades que ofrece esta cueva para la zona. No entiendo cómo el ayuntamiento desaprovecha esta riqueza arqueológica, cómo la Consejería de Cultura o el Gobierno no ve las posibilidades educativas e incluso económicas que tendría habilitar (como es debido: siguiendo el consejo de los arqueológos, que son los que saben) esta cueva para que todos la puedan visitar. Atapuerca sí lo vio.

 

El «Trofeo Virgen de Valencia» 2015, ya en fotos

trofeovirgendevalenciayaenfotosEn http://www.losdisparosdepablo.com tenemos una sección nueva en nuestra galería de fotos, que hemos bautizado «disparos al alfil» y en la que ya están a la venta las fotos del último día del Trofeo Virgen de Valencia.
Echad un vistazo y si os interesa alguna, mandadnos un email con el número que aparece en el pie de foto y os enviaremos el archivo en un pispas por sólo tres eurillos.
Os dejamos aquí el enlace: Trofeo Virgen de Valencia 2015

XXI TORNEO OPEN INTERNACIONAL DE AJEDREZ «TROFEO VIRGEN DE VALENCIA» (PIÉLAGOS, 2015)

Ayer tuvo lugar el tramo final de este torneo tan emocionante. Aquí os dejamos un adelanto de las fotos que publicaremos próximamente en este blog y en nuestra página web (si alguien desea comprar alguna foto, en breve lo pondremos a la venta en http://www.losdisparosdepablo.com a tres euros cada archivo).
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Making off de la sesión de fotos a Rodadas Bikeshop

Hace unas semanas fuimos a los pinares de Liencres con los chicos de Rodadas Bikeshop, la tienda de bicis de Soto de la Marina. Querían fotos pero no pudimos evitar el entusiasmo y, al comentárselo a Sergio, vecino y amigo, decidimos probar también con el vídeo.

Desde aquí tengo que agradecer a los ciclistas de Rodadas su entrega y paciencia, y sobre todo a Sergio Hermosa que nos dejara su cámara, que inventara, construyera  y colocara un soporte para realizar unos impresionantes travellings entre árboles, que funcionó de maravilla (el tío es un genio y a partir de ahora le daré la maza más veces para hacer estas cosas).

Y este es el resultado, que no está nada mal para ser nuestro primer Making off de una sesión de fotos.